
El partido-milicia chií libanés Hezbolá ha aumentado su retórica belicista contra Israel, advirtiendo de que cualquier ataque israelí al Líbano desencadenaría una guerra en varios frentes, con la participación de otros grupos armados aliados de Irán en la región. Hezbolá, que cuenta con el apoyo financiero y militar de Teherán, ha anunciado una “unidad de frentes” con Hamás, la Yihad Islámica Palestina y otras milicias proiraníes en Siria, Irak y Yemen, para hacer frente a lo que considera una amenaza existencial por parte de Israel1.
Hezbolá, que se autodenomina “la resistencia” contra la ocupación israelí, ha acumulado un arsenal de más de 100.000 cohetes y misiles capaces de alcanzar cualquier punto del territorio israelí2. Además, ha desarrollado una unidad de élite llamada Radwan, especializada en operaciones transfronterizas y ataques suicidas3. El líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, ha afirmado que su grupo está preparado para una “gran guerra” que abriría muchos frentes y provocaría "la desaparición de Israel"4.
La escalada de tensiones entre Hezbolá e Israel se produce en un contexto de inestabilidad política y económica en el Líbano, que atraviesa una grave crisis desde la explosión del puerto de Beirut el pasado agosto, que causó más de 200 muertos y miles de heridos. El país sufre además una hiperinflación, una escasez de combustible y alimentos, y una parálisis institucional por la falta de un gobierno efectivo. En este escenario, Hezbolá busca reforzar su influencia interna y externa, presentándose como el defensor del Líbano frente a las aspiraciones israelíes sobre las aguas territoriales libanesas y los recursos energéticos del Mediterráneo oriental.
Por su parte, Israel ha expresado su preocupación por el creciente poderío militar de Hezbolá y su implicación en los conflictos regionales, especialmente en Siria, donde el grupo chií ha apoyado al régimen de Bashar al Assad junto con las fuerzas iraníes. Israel ha llevado a cabo cientos de ataques aéreos contra objetivos iraníes y de Hezbolá en Siria, para evitar el traslado de armas sofisticadas al Líbano o el establecimiento de una presencia militar permanente cerca de sus fronteras. Israel también ha construido una barrera a lo largo de la frontera libanesa para impedir posibles infiltraciones o ataques de Hezbolá.
Los expertos advierten de que el riesgo de una confrontación directa entre Hezbolá e Israel es alto, debido a la volatilidad de la situación y a la posibilidad de un error de cálculo por alguna de las partes. Una guerra entre ambos contendientes tendría consecuencias devastadoras para el Líbano, que ya está al borde del colapso, y para la seguridad regional e internacional. Por ello, se hace necesario un esfuerzo diplomático para rebajar las tensiones y evitar un escenario catastrófico.