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El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha revelado que el mundo ha alcanzado un nivel de calentamiento global de 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, el límite establecido por el Acuerdo de París de 2015 para evitar los peores efectos del cambio climático1.
Según el informe, este nivel de calentamiento se ha producido debido a las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero causadas por las actividades humanas, especialmente la quema de combustibles fósiles. El informe advierte que si no se toman medidas urgentes y drásticas para reducir estas emisiones, el mundo podría superar los 2 grados Celsius de calentamiento a mediados de este siglo, lo que tendría consecuencias catastróficas para la vida en el planeta1.
Entre los efectos del cambio climático que ya se están observando y que se intensificarán en el futuro, el informe menciona el aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad, la mayor frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como sequías, inundaciones, olas de calor, incendios forestales y huracanes, y la amenaza para la seguridad alimentaria y la salud humana1.
Ante esta situación, los cristianos tenemos una responsabilidad especial como administradores de la creación de Dios. La Biblia nos enseña que Dios hizo el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, y que nos dio el mandato de cuidarlos y cultivarlos (Génesis 1:1; 2:15). También nos dice que Dios ama su creación y que tiene un plan para restaurarla y redimirla junto con su pueblo (Salmo 104:31; Romanos 8:19-23). Por lo tanto, debemos reflejar el amor de Dios por su creación y mostrar respeto y compasión por todas sus criaturas23.
Además, debemos reconocer que el cambio climático es una cuestión de justicia social, ya que afecta especialmente a los más pobres y vulnerables del mundo, que son los que menos han contribuido al problema y los que menos recursos tienen para adaptarse o mitigar sus efectos. La Biblia nos exhorta a defender los derechos de los oprimidos y a compartir nuestro pan con los hambrientos (Isaías 58:6-7; Proverbios 31:8-9). También nos recuerda que Dios juzgará a los que explotan y destruyen la tierra (Apocalipsis 11:18). Por lo tanto, debemos actuar con justicia y misericordia hacia nuestros prójimos y hacia la creación4 .
Finalmente, debemos tener esperanza en Dios, que es soberano sobre toda la historia y que tiene el poder para salvarnos del mal y del pecado que están detrás del cambio climático. La Biblia nos asegura que Dios no nos ha abandonado ni se ha olvidado de su pacto con nosotros. Al contrario, nos ha enviado a su Hijo Jesucristo, que murió en la cruz para perdonar nuestros pecados y resucitó al tercer día para darnos vida eterna. Jesús es el Señor de toda la creación y volverá para establecer su reino de paz y justicia en la tierra (Colosenses 1:15-20; Apocalipsis 21:1-5). Mientras tanto, nos ha dado su Espíritu Santo, que nos guía, consuela y capacita para ser sus testigos en el mundo (Juan 14:16-17; Hechos 1:8). Por eso, debemos confiar en Dios, orar por su voluntad y colaborar con su obra .
Que Dios nos ayude a ser fieles a nuestro llamado como cristianos en medio de esta crisis climática. Que podamos ser sal y luz en este mundo oscuro y corrupto. Que podamos glorificar a Dios con nuestras palabras y obras. Y que podamos anunciar las buenas nuevas de Jesús, la única solución verdadera para el cambio climático y para todos los problemas de la humanidad. Amén.