Los billonarios se preparan para el fin del mundo con búnkeres de lujo, pero ¿están preparados para el juicio de Dios?

 

Ante la amenaza de una posible catástrofe global, ya sea una pandemia, una guerra nuclear, un asteroide o cualquier otro escenario apocalíptico, muchos de los más ricos y poderosos del mundo han decidido invertir en búnkeres subterráneos que les permitan sobrevivir al caos y la destrucción. Estos refugios no son simples cuartos de concreto, sino verdaderas mansiones bajo tierra, equipadas con todo tipo de comodidades y servicios, como piscinas, spas, salas de cine, gimnasios, campos de golf y hasta ventanas virtuales12345.

Según algunas empresas dedicadas a la construcción de estos búnkeres de lujo, la demanda ha aumentado considerablemente en los últimos años, especialmente desde el inicio de la pandemia de Covid-1923El precio de estos búnkeres varía según el tamaño, la ubicación y el nivel de seguridad, pero puede llegar a costar millones de dólares24Algunos de los clientes son famosos empresarios, estrellas del deporte, celebridades y políticos12.

Sin embargo, ¿qué sentido tiene gastar tanto dinero y esfuerzo en protegerse de un posible fin del mundo material, si se descuida el destino eterno del alma? La Biblia advierte que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche, y que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (2 Pedro 3:10). En ese día, ningún búnker podrá ocultar a nadie de la ira de Dios, ni ningún tesoro podrá comprar la salvación.

La Biblia también enseña que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios (Mateo 19:24). Esto no significa que la riqueza sea mala en sí misma, sino que puede ser un obstáculo para reconocer la necesidad de Dios y confiar en su gracia. Jesús dijo: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Mateo 6:19-21).

Por eso, los cristianos debemos estar atentos y preparados para el regreso de Cristo, no con búnkeres o riquezas terrenales, sino con fe, esperanza y amor. Debemos velar y orar para no caer en tentación (Mateo 26:41), y aprovechar el tiempo para hacer el bien y compartir el evangelio con los que aún no conocen a Cristo. Debemos poner nuestra confianza no en lo que es pasajero y perecedero, sino en lo que es eterno e incorruptible. Como dijo el apóstol Pablo: Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos (2 Corintios 5:1).