Las profecías del Antiguo Testamento sobre el nacimiento de Jesús

 

 

Las profecías del Antiguo Testamento sobre el nacimiento de Jesús

El nacimiento de Jesús fue el cumplimiento de muchas profecías que se habían anunciado en el Antiguo Testamento, cientos de años antes de que él viniera al mundo. Estas profecías revelaban detalles sobre su origen, su lugar de nacimiento, su concepción milagrosa y su misión como el Mesías prometido. A continuación, veremos algunas de las principales profecías que se refieren al nacimiento de Jesús y cómo se cumplieron en los evangelios.

Jesús sería descendiente de Abraham, Isaac, Jacob y Judá

Dios le prometió a Abraham que haría de él una nación grande y poderosa, y que en él serían benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 18:18). Esta promesa se extendió a su hijo Isaac (Génesis 17:19) y a su nieto Jacob (Génesis 28:14), quien fue llamado Israel y tuvo doce hijos que formaron las doce tribus de Israel. De una de estas tribus, la de Judá, saldría el rey David, de quien Dios dijo que establecería su trono para siempre (2 Samuel 7:12-13). De la descendencia de David vendría el Mesías, el rey esperado por Israel, que se llamaría Siloh, que significa “el que trae paz” (Génesis 49:10).

Estas profecías se cumplieron en Jesús, quien fue reconocido como el hijo de Abraham (Mateo 1:1), el hijo de Isaac (Lucas 3:34), el hijo de Jacob (Lucas 3:34), el hijo de Judá (Lucas 3:33) y el hijo de David (Mateo 1:1). Los evangelios nos presentan la genealogía de Jesús, que muestra su linaje real y su conexión con las promesas hechas a los patriarcas.

Jesús nacería en Belén

El profeta Miqueas, que vivió en el siglo VIII a.C., predijo que de la pequeña ciudad de Belén, en Judea, saldría el gobernante de Israel, cuyo origen era antiguo desde los días de la eternidad (Miqueas 5:2). Esta profecía indicaba que el Mesías sería eterno, divino y soberano, y que nacería en la misma ciudad donde había nacido el rey David (1 Samuel 16:1).

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes (Mateo 2:1). Los evangelios nos cuentan que José y María, que vivían en Nazaret de Galilea, tuvieron que ir a Belén por un censo ordenado por el emperador romano Augusto (Lucas 2:1-5). Allí, en un pesebre, nació Jesús, el Salvador del mundo (Lucas 2:6-7, 11).

Jesús nacería de una virgen

El profeta Isaías, que vivió en el siglo VII a.C., anunció que Dios daría una señal al pueblo de Israel: una virgen concebiría y daría a luz un hijo, y lo llamaría Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Isaías 7:14). Esta profecía mostraba que el Mesías sería concebido por el Espíritu Santo, sin intervención humana, y que sería Dios hecho hombre, que habitaría entre su pueblo.

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de María, una virgen desposada con José (Mateo 1:18). Los evangelios nos relatan que el ángel Gabriel le anunció a María que ella sería la madre del Hijo de Dios, y que le pondría por nombre Jesús, que significa “Yahvé salva” (Lucas 1:26-35). José, que era justo y no quería infamar a María, tuvo un sueño en el que un ángel le confirmó que lo que había en ella era obra del Espíritu Santo, y que debía llamar al niño Emanuel (Mateo 1:19-25).

Jesús sería llamado Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz

El profeta Isaías también profetizó que un niño nacería, un hijo sería dado, y que el principado estaría sobre su hombro. Y que se llamaría Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz (Isaías 9:6). Esta profecía revelaba los nombres y los atributos del Mesías, que sería un rey maravilloso, sabio, poderoso, eterno y pacífico, que gobernaría con justicia y equidad (Isaías 9:7).

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien fue llamado por estos nombres y demostró estos atributos en su vida y ministerio. Jesús fue admirado por sus milagros, sus enseñanzas y su amor (Mateo 9:33; Marcos 1:22; Juan 13:1). Jesús fue consejero de sus discípulos, de los necesitados y de los que buscaban la verdad (Mateo 11:28-30; Lucas 24:25-27; Juan 4:13-14). Jesús fue Dios fuerte, que manifestó su gloria, su autoridad y su poder sobre la naturaleza, las enfermedades, los demonios y la muerte (Juan 1:14; Mateo 28:18; Marcos 4:39; Lucas 7:14-15; Marcos 5:1-20). Jesús fue Padre eterno, que reveló al Padre celestial, que dio vida eterna a los que creyeron en él, y que prometió volver para llevar a los suyos a su casa (Juan 14:6-9; Juan 3:16; Juan 14:1-3). Jesús fue Príncipe de Paz, que trajo paz a los corazones, que reconcilió a los hombres con Dios y entre sí, y que anunció el reino de Dios (Juan 14:27; Romanos 5:1; Efesios 2:14-18; Mateo 4:17).

Jesús nacería en la familia de David

Dios le prometió al rey David que de su descendencia levantaría un rey que establecería su trono para siempre, y que sería su hijo y él su padre (2 Samuel 7:12-13). Esta profecía señalaba que el Mesías sería de la dinastía davídica, y que tendría una relación especial con Dios, como su Hijo unigénito.

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien fue reconocido como el hijo de David (Mateo 1:1). Los evangelios nos presentan la genealogía de Jesús, que muestra su linaje real y su conexión con las promesas hechas a David. Además, el ángel Gabriel le anunció a María que el niño que iba a nacer sería llamado Hijo del Altísimo, y que Dios le daría el trono de David su padre, y que reinaría sobre la casa de Jacob para siempre, y que su reino no tendría fin (Lucas 1:32-33).

El tiempo de su venida fue especificado

El profeta Daniel, que vivió en el siglo VI a.C., predijo que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habría siete semanas y sesenta y dos semanas, y que después de las sesenta y dos semanas el Mesías sería cortado, pero no por sí mismo (Daniel 9:25-26). Esta profecía indicaba que el Mesías vendría en un tiempo determinado por Dios, y que sufriría la muerte, pero no por su culpa.

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien vino al mundo cuando se cumplió el plazo profético, según el cálculo de las semanas de años que había revelado Daniel. Los evangelios nos cuentan que Jesús comenzó su ministerio público después de que Juan el Bautista predicara el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados, cumpliendo así la profecía de Isaías sobre la voz que clama en el desierto (Lucas 3:1-6). También nos cuentan que Jesús murió en la cruz, siendo inocente, para llevar el pecado de muchos y para interceder por los transgresores, cumpliendo así la profecía de Isaías sobre el siervo sufriente (Lucas 23:44-49; Isaías 53:10-12).

Los niños de Belén serían asesinados

El profeta Jeremías, que vivió en el siglo VI a.C., lamentó la destrucción de Jerusalén y la deportación de Judá a Babilonia, y pronunció una profecía de duelo por los hijos de Raquel, que representaba a las madres de Israel: Así dice Jehová: Se oye una voz en Ramá, lamentación y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; no quiere ser consolada por sus hijos, porque perecieron (Jeremías 31:15). Esta profecía expresaba el dolor y la angustia de las madres que perdían a sus hijos por la violencia y la opresión.

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien fue perseguido por el rey Herodes, que temía que el niño que había nacido en Belén fuera el rey de los judíos. Los evangelios nos cuentan que Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, según el tiempo que había inquirido de los magos que habían venido a adorar a Jesús (Mateo 2:16). Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías: Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación: Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron (Mateo 2:17-18).

La venida de Cristo sería anunciada por un mensajero

El profeta Malaquías, que vivió en el siglo V a.C., profetizó que antes de la venida del día de Jehová, el día del juicio y la salvación, Dios enviaría a su mensajero, que prepararía el camino delante de él: He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos (Malaquías 3:1). Esta profecía anunciaba que el Mesías vendría al templo de Jerusalén, y que sería el ángel del pacto, es decir, el mediador de la nueva alianza entre Dios y su pueblo.

Esta profecía se cumplió en Jesús, quien vino al templo de Jerusalén, y que fue el autor de la nueva alianza, establecida con su sangre derramada en la cruz (Hebreos 9:11-15). Los evangelios nos cuentan que el mensajero que preparó el camino delante de él fue Juan el Bautista, que predicó el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados, y que anunció la venida de uno más poderoso que él, que bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego (Lucas 3:1-18). Juan el Bautista también reconoció a Jesús como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, y como el Hijo de Dios, que tenía el Espíritu Santo sin medida (Juan 1:29-34).

Estas son solo algunas de las numerosas profecías cumplidas sobre Jesús