
Níger es un país de África Occidental que vive una grave crisis política y social desde el pasado miércoles, cuando un grupo de militares detuvo al presidente Mohamed Bazoum y anunció la formación de un Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria, liderado por el general Abdourahmane Tchiani1. Este golpe de Estado ha sido condenado por la comunidad internacional, especialmente por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), que ha impuesto sanciones y un bloqueo económico al país y ha dado un ultimátum de una semana a los golpistas para restablecer el orden constitucional1.
Níger es uno de los países más pobres del mundo, con una población mayoritariamente musulmana y una minoría cristiana que sufre persecución y discriminación. El país también es uno de los principales aliados de Occidente en la lucha contra el terrorismo yihadista y la migración irregular en la región del Sahel, donde grupos como el Estado Islámico o Al Qaeda operan con impunidad2. El golpe de Estado en Níger se suma a los registrados en Mali y Burkina Faso, cuyas juntas se declaran abiertamente hostiles a Occidente y favorables a Rusia2.
¿Qué podemos hacer como cristianos ante esta situación? En primer lugar, debemos orar por Níger, por su pueblo, por su gobierno legítimo y por su futuro. Debemos pedir a Dios que proteja a nuestros hermanos y hermanas en la fe, que les dé fortaleza, esperanza y paz en medio de la adversidad. Debemos interceder por la liberación del presidente Bazoum y por el restablecimiento de la democracia y el Estado de derecho. Debemos clamar por el fin de la violencia, la injusticia y la opresión en el país y en toda África.
En segundo lugar, debemos informarnos sobre lo que ocurre en Níger y en otros países africanos, para no ser indiferentes ni ignorantes ante el sufrimiento de nuestros prójimos. Debemos conocer la realidad, los desafíos y las necesidades de nuestros hermanos y hermanas africanos, para poder apoyarlos, acompañarlos y colaborar con ellos en la medida de nuestras posibilidades. Debemos ser solidarios, generosos y compasivos con los que sufren, especialmente con los más vulnerables: los niños, las mujeres, los ancianos, los enfermos, los refugiados.
En tercer lugar, debemos ser testigos del amor de Dios en Níger y en todo el mundo. Debemos mostrar con nuestra vida, nuestras palabras y nuestras obras que somos discípulos de Jesucristo, que somos luz y sal de la tierra. Debemos proclamar el evangelio con valentía, humildad y respeto, sin imponer ni ofender, sino dialogando y sirviendo. Debemos buscar la paz, la justicia y la reconciliación entre todos los pueblos, sin distinción de raza, religión o cultura. Debemos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.
Níger necesita nuestra oración, nuestra información y nuestro testimonio. No podemos ser indiferentes ni pasivos ante lo que ocurre en este país africano. Como cristianos, tenemos una responsabilidad y una oportunidad de hacer el bien y glorificar a Dios en Níger. Que el Señor nos guíe, nos bendiga y nos use para su gloria.
1: Dirigentes de África acuerdan bloqueo económico contra Níger
2: Tensión en Africa: el futuro de Níger