La Biblia y el calentamiento global

 

El calentamiento global es un fenómeno que preocupa a muchos científicos, políticos y ciudadanos. Se trata del aumento de la temperatura media de la atmósfera y los océanos debido a la emisión de gases de efecto invernadero, principalmente por la actividad humana. Según algunos estudios, este aumento podría tener graves consecuencias para el medio ambiente y la vida en el planeta, como el deshielo de los polos, el aumento del nivel del mar, la desertificación, la pérdida de biodiversidad, las sequías, las inundaciones, las enfermedades y los conflictos.

Pero, ¿qué dice la Biblia sobre este tema? ¿Qué responsabilidad tenemos los cristianos frente al cuidado de la creación? ¿Qué esperanza tenemos ante el futuro?

La creación es obra de Dios y refleja su gloria

La Biblia nos enseña que Dios es el creador de todas las cosas y que todo lo que existe le pertenece (Génesis 1:1; Salmo 24:1). Él hizo el cielo y la tierra con sabiduría, poder y amor, y vio que todo era bueno (Génesis 1:31; Salmo 104:24; Jeremías 10:12). Dios también creó al ser humano a su imagen y semejanza, y le dio el mandato de gobernar y cuidar la tierra (Génesis 1:26-28; Salmo 8:5-8).

La creación no solo es obra de Dios, sino que también refleja su gloria. El salmista dice que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmo 19:1). Pablo afirma que las cosas invisibles de Dios, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo (Romanos 1:20). Juan nos revela que en el cielo se alaba a Dios por su creación: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

El pecado afectó la relación entre Dios, el ser humano y la creación

Sin embargo, la Biblia también nos muestra que el pecado afectó la relación entre Dios, el ser humano y la creación. Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios en el jardín del Edén, no solo se rompió su comunión con él, sino que también se alteró el orden original de la creación. Dios maldijo la tierra por causa del hombre, y le dijo que con dolor comería de ella todos los días de su vida; que le produciría espinos y cardos; y que con el sudor de su rostro comería el pan hasta que volviera a ella (Génesis 3:17-19).

El pecado también trajo violencia, corrupción e injusticia al mundo. La Biblia relata cómo la maldad del hombre se multiplicó sobre la tierra hasta llegar al punto en que Dios decidió enviar un diluvio para destruir toda carne (Génesis 6:5-13). Más adelante, vemos cómo Dios juzgó a Sodoma y Gomorra por su gran pecado (Génesis 19:24-25). También vemos cómo los profetas denunciaron a Israel por su idolatría, su opresión a los pobres y su contaminación de la tierra (Isaías 24:4-6; Jeremías 2:7; Ezequiel 34:17-18).

La Biblia reconoce que el pecado tiene consecuencias no solo para el ser humano, sino también para la creación. Pablo dice que “la creación fue sujetada a vanidad” y que “la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción” (Romanos 8:20-21). Juan dice que Dios “destruirá a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11:18).

Dios tiene un plan de redención para el ser humano y la creación

Pero la Biblia también nos da una buena noticia: Dios tiene un plan de redención para el ser humano y la creación. Dios no se olvidó de su obra, sino que envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvarlo (Juan 3:16-17). Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día, venciendo al pecado, a la muerte y al diablo (1 Corintios 15:3-4; Colosenses 2:13-15). Jesús es el Señor de la creación y el primogénito de la nueva creación (Colosenses 1:15-20; Apocalipsis 3:14).

Dios también nos ha dado su Espíritu Santo, que mora en nosotros y nos capacita para vivir una vida nueva (Romanos 8:9-11; 2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo es el que nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8-11). El Espíritu Santo es el que nos guía a toda verdad y nos enseña todas las cosas (Juan 14:26; 16:13). El Espíritu Santo es el que produce en nosotros el fruto del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).

Dios también nos ha dado una esperanza gloriosa: la segunda venida de Jesucristo y la restauración de todas las cosas. La Biblia dice que cuando Jesús vuelva, los muertos en Cristo resucitarán y los que estemos vivos seremos transformados (1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Corintios 15:51-52). La Biblia también dice que habrá un nuevo cielo y una nueva tierra, donde morará la justicia y donde no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1-4).

Nuestra responsabilidad y nuestra esperanza como cristianos

Como cristianos, tenemos una doble responsabilidad frente al calentamiento global. Por un lado, debemos reconocer que somos parte del problema y arrepentirnos de nuestros pecados. Debemos confesar que hemos sido egoístas, codiciosos e indiferentes ante el sufrimiento de los demás. Debemos pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo por el daño que hemos causado a la creación. Debemos cambiar nuestra forma de pensar y de actuar, conforme a la voluntad de Dios.

Por otro lado, debemos ser parte de la solución y comprometernos con el cuidado de la creación. Debemos recordar que Dios nos ha dado el mandato de gobernar y cuidar la tierra (Génesis 1:26-28; Salmo 8:5-8). Debemos usar los recursos naturales con sabiduría, moderación y gratitud. Debemos proteger la vida y la diversidad de las especies. Debemos buscar el bienestar de los más vulnerables y los más afectados por el cambio climático. Debemos colaborar con otras personas e instituciones que trabajan por el mismo fin.

Como cristianos, también tenemos una esperanza frente al calentamiento global. No estamos solos ni desamparados. Dios está con nosotros y nos ayuda en medio de las dificultades. Dios tiene el control de la historia y cumple sus propósitos. Dios tiene un plan de redención para el ser humano y la creación. Dios hará nuevas todas las cosas.

Que esta esperanza nos anime a vivir con fe, amor y esperanza en este mundo. Que esta esperanza nos motive a proclamar el evangelio de Jesucristo a toda criatura. Que esta esperanza nos impulse a glorificar a Dios con nuestra vida.

Que el Señor nos bendiga y nos guarde.