
China es un país que se caracteriza por su régimen autoritario y su control sobre la libertad religiosa. El Partido Comunista Chino (PCCh) ha anunciado que reescribirá la Biblia y el Corán para que reflejen los valores socialistas y las creencias comunistas1. Esta medida ha generado indignación y preocupación entre los cristianos y los musulmanes que viven en China, así como en el resto del mundo.
La Biblia es la palabra de Dios revelada a los hombres, y el Corán es el libro sagrado del islam. Ambos textos contienen enseñanzas morales, espirituales y éticas que orientan la vida de los creyentes. Sin embargo, el PCCh considera que estos textos son contrarios a la esencia del partido y a los requisitos de la época1. Por eso, ha decidido modificarlos o re-traducirlos para eliminar o cambiar los pasajes que no le convienen.
Un ejemplo de esta distorsión se puede ver en un libro de texto para estudiantes de secundaria publicado en septiembre de 2020, donde se incluyó un pasaje de Juan 8, revisado en su nueva versión2. En este pasaje, Jesús perdona a una mujer sorprendida en adulterio y le dice: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7). Pero en la versión del PCCh, Jesús apedrea a la mujer y dice: "Yo también soy pecador"2.
Esta alteración es una blasfemia contra Jesús, el Hijo de Dios, que vino al mundo para salvar a los pecadores y que nunca cometió ningún pecado. Además, es una tergiversación del mensaje de amor, misericordia y justicia que Jesús predicó y practicó. Con esta falsificación, el PCCh pretende satanizar a Jesús, lavar el cerebro de los niños y adorar al gobierno como dios.
Los cristianos y los musulmanes de China están siendo perseguidos por su fe. El PCCh ha cerrado iglesias, mezquitas y templos, ha arrestado y torturado a líderes religiosos, ha prohibido la posesión y distribución de libros sagrados, ha impuesto restricciones al culto y a la educación religiosa, y ha sometido a minorías étnicas como los uigures a campos de reeducación3. Estas violaciones a los derechos humanos son una muestra del totalitarismo y la intolerancia del PCCh.
Los cristianos y los musulmanes del mundo deben orar por sus hermanos en China, denunciar las atrocidades del PCCh y defender la libertad religiosa como un derecho humano fundamental. La Biblia y el Corán son patrimonio de la humanidad y no pueden ser manipulados por ningún poder político. Solo Dios tiene autoridad sobre su palabra.