¿Qué nos enseña la Biblia sobre el johatsu?

 

¿Qué es el johatsu?

El johatsu es un fenómeno social que ocurre en Japón, donde algunas personas deciden desaparecer de sus vidas sin dejar rastro. El término significa “evaporación” y se refiere a la forma en que estas personas se esfuman de la sociedad, abandonando sus familias, trabajos, amigos, nombres e incluso apariencias. El johatsu suele ser motivado por situaciones de estrés, vergüenza, fracaso, deuda, violencia o simplemente por el deseo de empezar de nuevo. Se estima que unos 100.000 japoneses al año se convierten en johatsu desde hace cuatro décadas1.

¿Qué relación tiene el johatsu con el cristianismo?

El cristianismo es una religión minoritaria en Japón, que representa menos del 2% de la población2. Sin embargo, tiene una larga y compleja historia en el país, marcada por la persecución, el martirio y la clandestinidad. El cristianismo llegó a Japón por primera vez en el siglo XVI, de la mano de los misioneros jesuitas portugueses, que lograron convertir a algunos señores feudales y campesinos. Sin embargo, pronto se enfrentaron a la oposición de las autoridades japonesas, que veían al cristianismo como una amenaza para su soberanía y su cultura. En el siglo XVII, se desató una violenta represión contra los cristianos, que fueron obligados a renunciar a su fe o a morir. Muchos fueron torturados, crucificados o quemados vivos. Otros tuvieron que pisar imágenes de Cristo o de la Virgen para demostrar su apostasía. Los que se negaron fueron llamados “kakure kirishitan” o “cristianos ocultos”, que mantuvieron su religión en secreto durante siglos3.

El johatsu puede ser visto como una forma moderna de kakure kirishitan, donde los cristianos japoneses se ven obligados a ocultar su identidad y su fe por las presiones sociales. Algunos estudios han sugerido que los cristianos son más propensos a convertirse en johatsu que los budistas o los sintoístas, debido a la discriminación y al estigma que sufren en Japón4. Además, el johatsu puede ser interpretado como una forma de escapar del sufrimiento y buscar la salvación, siguiendo el ejemplo de Cristo, que murió y resucitó al tercer día. Así, el johatsu sería una forma de morir al mundo y renacer a una nueva vida.

¿Qué piensa Dios de este comportamiento? ¿Es correcto para un cristiano renunciar a sus problemas y a sus relaciones? ¿Qué orientación nos da la Palabra de Dios a los que nos sentimos tentados a hacerlo?

La Biblia no habla directamente del johatsu, pero sí nos cuenta de personas que quisieron escapar de Dios o de sus circunstancias. Por ejemplo, el profeta Jonás intentó huir de la misión que Dios le había asignado de ir a Nínive a anunciar el arrepentimiento. Se subió a un barco que iba en dirección opuesta, pero Dios mandó una gran tempestad que puso en peligro la embarcación. Los marineros echaron suertes y descubrieron que Jonás era el responsable de la desgracia. Jonás admitió su pecado y les pidió que lo tiraran al mar. Así lo hicieron, y Dios preparó un gran pez que se lo tragó y lo conservó vivo durante tres días y tres noches. Luego, el pez escupió a Jonás en tierra seca, y Dios le ordenó de nuevo que fuera a Nínive. Esta vez, Jonás obedeció y cumplió su cometido. (Jonás 1-3)

La historia de Jonás nos muestra varias verdades. Primero, que no podemos escapar de Dios ni de su voluntad. Dios es omnipresente y omnisciente, lo sabe todo y lo ve todo. No hay lugar donde podamos ocultarnos de él. (Salmo 139:7-12) Segundo, que escapar de nuestros problemas no los resuelve, sino que los empeora. Jonás no solo se puso en riesgo a sí mismo, sino también a los inocentes que viajaban con él. Además, al demorar su misión, puso en peligro la salvación de los habitantes de Nínive, que necesitaban oír el mensaje de Dios. Tercero, que Dios es misericordioso y paciente con nosotros. A pesar de la desobediencia de Jonás, Dios no lo desamparó ni lo castigó con la muerte. Al contrario, le dio una segunda oportunidad y lo usó para cumplir su propósito. Dios también perdonó a los ninivitas cuando se arrepintieron y se volvieron a él.

Otro ejemplo bíblico es el del hijo pródigo, que pidió a su padre su parte de la herencia y se fue a un país lejano, donde derrochó todo su dinero en placeres mundanos. Cuando se quedó sin nada, tuvo que trabajar como cuidador de cerdos, un animal impuro para los judíos. Pasaba tanta hambre que quería comer las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Entonces recapacitó y recordó la bondad de su padre, que tenía muchos jornaleros con pan suficiente. Decidió volver a su casa y pedirle perdón a su padre, reconociendo que había pecado contra él y contra Dios. Esperaba ser tratado como uno de sus jornaleros, pero su padre lo vio venir de lejos y corrió a abrazarlo y besarlo. Le puso un anillo en el dedo, un manto sobre los hombros y sandalias en los pies. Mandó matar el ternero cebado y preparó un gran banquete para festejar el regreso de su hijo perdido. (Lucas 15:11-24)

La parábola del hijo pródigo nos revela el amor incondicional de Dios por nosotros, sus hijos rebeldes que nos alejamos de él y malgastamos las bendiciones que nos ha dado. Dios no nos rechaza ni nos condena cuando volvemos a él arrepentidos y humillados. Al contrario, nos recibe con los brazos abiertos y nos restaura a nuestra posición de hijos suyos. Nos da una nueva oportunidad de vivir para él y con él.

Estos dos ejemplos bíblicos nos indican que el johatsu no es una opción válida para un cristiano. No podemos escapar de Dios ni de nuestros problemas, sino que debemos afrontarlos con su ayuda y su gracia. No podemos abandonar a nuestros seres queridos ni a nuestra responsabilidad, sino que debemos amarlos y servirlos como Dios nos manda. No podemos buscar una nueva identidad en el mundo, sino que debemos encontrarla en Cristo, que nos ha hecho nuevas criaturas. (2 Corintios 5:17)

Si te sientes tentado a hacer un johatsu, recuerda que Dios te ama y te conoce. Él sabe lo que estás pasando y tiene un plan para tu vida. No te dejes llevar por la desesperación, la vergüenza o el miedo. Busca su rostro y su voluntad. Confía en él y entrégale tus cargas. Él te dará la paz, la fuerza y la sabiduría que necesitas. (Filipenses 4:6-7; Isaías 41:10; Santiago 1:5)

Si conoces a alguien que ha hecho un johatsu, ora por él o ella. Pídele a Dios que lo proteja, que lo guíe y que lo traiga de vuelta. No lo juzgues ni lo condenes, sino que muéstrale compasión y perdón. Está dispuesto a recibirlo y a ayudarlo si decide volver. Sé un instrumento de reconciliación y restauración en sus manos. (Mateo 18:21-22; 2 Corintios 5:18-19)

Dios no quiere que nos evaporemos, sino que brillemos como luces en el mundo. (Mateo 5:14-16) Él no quiere que nos perdamos, sino que seamos hallados por él. (Lucas 19:10) Él no quiere que muramos, sino que tengamos vida abundante en él. (Juan 10:10) Que su amor y su verdad nos llenen y nos transformen. Que su gloria sea nuestro mayor anhelo. Que su nombre sea alabado por siempre. Amén.

Referencias:

1Jouhatsu - Wikipedia 2Cristianismo en Japón - Wikipedia 3Cristianismo en Japón: los creyentes a los que obligaban a pisotear la imagen de Jesús - BBC News Mundo 4: The Japanese phenomenon of ‘johatsu’ and the Christian response - Evangelical Focus