¿Existen apóstoles hoy día?

 

¿Qué es un apóstol?

La palabra apóstol proviene del griego apostolos, que significa “enviado”. En el contexto cristiano, se refiere a los hombres escogidos por Jesucristo para que fueran sus representantes y testigos en el mundo, y para que fundaran y edificaran la iglesia primitiva. Los apóstoles tenían la misión de predicar el evangelio, bautizar a los creyentes, hacer discípulos, enseñar la doctrina de Cristo, realizar milagros y señales, y sufrir por la causa de Cristo. Los apóstoles eran los líderes espirituales de la iglesia, y tenían autoridad apostólica para establecer normas, resolver conflictos, corregir errores y escribir las Escrituras inspiradas por el Espíritu Santo.

¿Quiénes fueron los apóstoles?

Según el Nuevo Testamento, los doce apóstoles originales fueron aquellos que Jesucristo llamó personalmente durante su ministerio terrenal, y que lo acompañaron desde el bautismo de Juan hasta su ascensión al cielo. Estos fueron: Simón Pedro, Andrés, Santiago el Mayor, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago el Menor, Judas Tadeo, Simón el Zelote y Judas Iscariote. Este último traicionó a Jesús y se suicidó, y fue reemplazado por Matías, quien fue elegido por sorteo entre los discípulos que habían seguido a Jesús desde el principio (Hechos 1:15-26).

Además de los doce, hay otro apóstol que se destaca en el Nuevo Testamento: Pablo de Tarso. Pablo no conoció a Jesús en persona durante su vida terrenal, sino que tuvo una visión del Cristo resucitado en el camino a Damasco, donde iba a perseguir a los cristianos. A partir de ese momento, Pablo se convirtió en un ferviente seguidor de Jesús, y recibió el llamado apostólico directamente de él. Pablo se llamó a sí mismo “apóstol de los gentiles”, y realizó tres viajes misioneros por todo el mundo mediterráneo, fundando muchas iglesias y escribiendo trece cartas que forman parte del Nuevo Testamento.

¿Hay apóstoles hoy en día?

La respuesta a esta pregunta depende de cómo se defina el término apóstol. Si se entiende como un oficio especial y único que solo podía ejercerse por aquellos que fueron llamados directamente por Jesucristo y que lo vieron resucitado, entonces no hay apóstoles hoy en día. Esta es la posición de la mayoría de las iglesias protestantes históricas, que consideran que el apostolado cesó con la muerte del último apóstol (probablemente Juan), y que la autoridad apostólica se transmite a través de las Escrituras como la única regla de fe y práctica.

Sin embargo, hay otras iglesias o movimientos cristianos que afirman tener apóstoles en la actualidad. Estos pueden basarse en diferentes argumentos o interpretaciones bíblicas. Por ejemplo:

  • Algunos creen que hay un ministerio apostólico continuo que se basa en Efesios 4:11-13, donde se menciona a los apóstoles como uno de los dones que Cristo dio a la iglesia para su edificación hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe. Estos sostienen que hay apóstoles modernos que tienen una función similar a la de los apóstoles del primer siglo: plantar iglesias, supervisar pastores, impartir dones espirituales y revelar verdades bíblicas.
  • Otros creen que hay una restauración del apostolado en los últimos tiempos, basándose en Malaquías 4:5-6 y Mateo 17:11-13, donde se profetiza la venida de Elías antes del día del Señor. Estos identifican a Elías con un apóstol o un grupo de apóstoles que preparan el camino para la segunda venida de Cristo, restaurando todas las cosas y trayendo avivamiento a la iglesia.
  • Otros creen que hay una sucesión apostólica ininterrumpida desde los tiempos de los apóstoles hasta hoy, basándose en Mateo 16:18-19 y Juan 20:21-23, donde Jesús le da a Pedro y a los demás apóstoles las llaves del reino de los cielos y el poder de atar y desatar. Estos consideran que los apóstoles transmitieron su autoridad a sus sucesores, los obispos, mediante la imposición de manos, y que esta autoridad se conserva en la iglesia católica o en la iglesia ortodoxa.

¿Qué dice la Biblia al respecto?

La Biblia no da una respuesta definitiva a esta cuestión, pero sí nos da algunos principios que podemos aplicar para evaluar las afirmaciones de los supuestos apóstoles de hoy. Estos son algunos de ellos:

  • Los apóstoles debían ser testigos oculares de Jesucristo resucitado (Hechos 1:22; 1 Corintios 9:1; 15:7-8). Este es el criterio más claro y decisivo para determinar quién era un apóstol. Ningún creyente actual puede cumplir con este requisito, por lo que no puede reclamar el mismo nivel de autoridad que los apóstoles originales.
  • Los apóstoles debían ser llamados directamente por Jesucristo (Marcos 3:14; Lucas 6:13; Hechos 1:2, 24; 10:41; Gálatas 1:1). Este es otro criterio importante que muestra que el apostolado no era un cargo que se podía asumir por voluntad propia o por elección humana, sino que era una prerrogativa divina. Ningún creyente actual puede demostrar con evidencia irrefutable que ha recibido un llamado apostólico directo de Jesucristo.
  • Los apóstoles debían tener una vida santa y coherente con el evangelio (2 Corintios 6:3-10; Gálatas 2:11-14; 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9). Este es un criterio moral que muestra que los apóstoles debían ser ejemplos de fe, amor, humildad, pureza y servicio. Muchos de los que se autoproclaman apóstoles hoy en día no cumplen con este requisito, sino que se caracterizan por la soberbia, la codicia, la inmoralidad y el abuso de poder.
  • Los apóstoles debían predicar el evangelio verdadero y conforme a las Escrituras (Gálatas 1:6-9; 2 Pedro 3:15-16; Judas 3-4). Este es un criterio doctrinal que muestra que los apóstoles debían ser fieles al mensaje revelado por Dios y transmitido por Cristo y el Espíritu Santo. Muchos de los que se llaman apóstoles hoy en día predican otro evangelio, distorsionando o negando las verdades fundamentales de la fe cristiana.

En conclusión, podemos decir que solo las personas elegidas por Jesucristo pueden ser llamadas apóstoles en el sentido estricto y original del término. Estas personas fueron testigos privilegiados de la vida, muerte y resurrección de Jesús, y recibieron una comisión especial para fundar la iglesia y escribir las Escrituras. Su autoridad apostólica no se puede repetir ni transferir a nadie más. Los creyentes actuales debemos reconocer y respetar su papel único e insustituible en la historia de la salvación, y someternos a su enseñanza como la norma suprema e infalible para nuestra fe y práctica.